Los profesores


Publicado el 5 de octubre de 2017 por Amparo Saona en Dramaturgia.

Los profesores
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Personajes:

Sandoval (43 años, profesor de Historia)

Quiroz (60 años, profesor de Ciencias naturales)

Galaz (31 años, profesor de Educación Física)

Colussi (26 años, profesora de Lenguaje)

Aravena (27 años, profesor de Filosofía)

Señora Torres-Cautivo (44 años, apoderada del colegio La Redención)

Periodista

Voz de radio

 

PRIMER ACTO

 

Escena I

Living-comedor de una casa. Yo creo que es la de Sandoval, porque es el ideólogo del plan que a continuación se va a desarrollar. Muebles antiguos rodean el sector de la mesa. En uno de ellos podría haber una fotografía en blanco y negro que retrate una pareja, como si fuesen los padres de Sandoval cuando eran jóvenes. Al fondo, un ventanal abierto que deja ver el parrón del patio de la casa. Sobre la mesa hay platos, cubiertos, tazas y una tetera con agua. A ella, sentados, se encuentran los profesores: Sandoval (S), Quiroz (Q), Galaz (G), Aravena (A) y Colussi (C), todos colegas que trabajan en el colegio de orientación católica ‘La Redención’. Colussi está recién tomando asiento, ya que ha llegado más tarde que los otros. Indistinta y animadamente, están comentando los sucesos de la contingencia nacional y preguntándose cómo les ha ido en sus respectivos veraneos. Conminan animosamente a Colussi a que tome asiento, mientras la interpelan con frases del tipo: “la estábamos esperando” o “¡al fin llega!

 

Colussi (C): (sentándose) Bueno, bueno, discúlpenme. El taco estaba del terror, pero para compensar mi atraso miren lo que les traje

(Deposita un paquete sobre la mesa y lo abre. Deja ver un küchen, o un pie, o una trenza rusa… algún dulce de casero y suculento aspecto)

Galaz (G): (frotándose las manos) ¡Ah, pero qué cosa más rica! Gustos como este no se dan todos los días, ¿verdad? Yo creo que con este regalo la colega aquí presente queda más que perdonada por el atraso

Quiroz (Q): para serle franco, estimado Galaz, yo creo que con su sola presencia ya queda más que perdonada

C.: ay Quiroz, usted no deja títere con cabeza

Aravena (A): sípo’h colega, no se ponga machista. (A Colussi) Qué rico Coli, te pasaste

(Colussi le sonríe a Aravena)

Sandoval (S): (a Colussi) gracias colega, no tenía para qué molestarse. Bueno, aprovechando que estamos todos ya sentados…

Q.: (lo interrumpe) ay Sandoval, usted siempre tan apurado. Relaje la vena, hombre ¡”El que apurado vive, apurado muere”, dicen por ahí!

S.: ¡ Pero si ni siquiera me dio tiempo de hablar!

G.: (ríe e ignora a Sandoval) Ay, y usted Quiroz, siempre citando refranes de la época de Maricastaña, estoy seguro de que le encantaría conocer a mi tía Marieta. Ella siempre encontraba el refrán correcto para cada ocasión, ¡y se sabía un montón!

A.: (carraspea) El año pasado, justamente, lanzaron un libro de un profesor, un académico viejito, con una recopilación de refranes populares chilenos y su explicación. Este mes pretendo comprarlo, porque la otra vez le eché una ojeada y es realmente interesante.

Q.: (ironiza) ¡Uy, qué alentador, coleguita, saber que la juventud pedagoga se interesa por esos temas tan útiles para enseñarle a las nuevas generaciones!

G: (ríe) oiga Quiroz, usted es re simpático cuando quiere, pero cuando no, ¡pucha que se pone pesadito! Deje tranquilo al cabro, ¿para qué lo molesta? ¿qué tienen de malo los refranes? ¿Le tiene envidia acaso? ¡Si usted ni aparenta su edad, así que quédese tranquilo! Además –incluso- si yo no los conociera (apunta a Aravena y a Quiroz) diría que ustedes dos podrían ser –hasta-hermanos (Ríe)

A.: ¿Hermano, yo, de don Quiroz? ¡Ccchhh, cómo se nota que usted no es profe de Matemáticas, Galaz! (Ríe)

C.: ¡Bueno, ya! ¡Basta de burlarse del pobre Quiroz! Miren que, o si no, capaz que le dé un infarto de la rabia acumulada

(Ríe. Contagia al resto y todos, incluido Quiroz, ríen estrepitosamente un buen rato. La risa va “in crescendo”, llegando a un punto de no retorno. Luego de reír, se produce un silencio incómodo y bastante duradero. Se oyen carraspeos y cortos suspiros. Quiroz se atreve a romperlo)

Q.: (suspira con agrado) bueno, bueno… A propósito de refranes, ¿habrá pasado un angelito, que nos quedamos todos tan callados?

G: ¿cómo que pasó un angelito? ¿Adónde, que no lo vi?

Q: ¡ay, así se dice pues, Galaz, cuando en un grupo de personas se produce un silencio intempestivo!

G.: ¡Ah! (Pausa) Ah, no sé… (Mirando a Sandoval) pregúntele a Sandoval pues

A.: ¡Verdad! (A Sandoval) ¿qué pasó, colega? ¿Qué nos tiene preparado?

C.: ¿acaso está muy conmocionado porque (irónica) -¡por fin!- nos cambiaron al primer ciclo de básica?

G.: ¿o nos quiere contar algo más, eehh…personal? ¡Ya sé! ¿Se va a casar?

(Todos ríen, excepto Quiroz)

Q.: ¡uy, el Centro de Madres! ¡Dejen que Sandoval hable!

S.: (dejando un momento su taza) Sí, sí colegas, guarden la calma. Lo que les quiero decir es muy importante, así que necesito que me escuchen con atención

G.: Sandoval, Sandoval, sin asustarnos, las vacaciones aún no se terminan y se nos viene un año importante, mire que con esto de que nos cambiaron al primer ciclo de la básica…

S.: justamente, relacionado con eso es de lo que les quiero hablar. (Todos enmudecen. Sandoval tose.) Bueno colegas, ustedes saben que cada día la situación de los profesores en este país empeora y empeora, y por más que le exijamos al gobierno cambios concretos y radicales nada pasa, ¿verdad?

G.: eehh…claro, querido colega, claro

A.: completamente de acuerdo

S.: sí, bueno…lo de la Deuda Histórica, por ejemplo: ya todos sabemos que la presidenta dejó a un lado el asunto y… (Mirando a Aravena, a Colussi y a Quiroz), los profesores más viejos no recibirán jamás esa plata que les deben…

C.: pero el año pasado yo oí decir que iban a empezar a negociar el asunto…

S.: (la interrumpe) ¡es que ese es justamente el problema, colega! Y perdóneme que la interrumpa, pero usted ha dicho la palabra indicada: (Haciendo énfasis con las manos) negociar. Todos nuestros problemas los someten a negociación, a “veremos” y nos dejan siempre para el final, postergados, pendientes

G.: bueno, sí Sandoval, pero yo no sé por qué se queja tanto si –después de todo- nosotros no estamos tan mal…quiero decir, podríamos estar como otros colegas, que les deben sueldos desde hace meses o que les exigen hacer más clases de las que ellos pueden, como en esos colegios del centro… usted me entiende…

S.: Galaz, por favor, no sea limitado. Es hora de tomar las riendas del asunto. Cada día que pasa, siento me corroe más y más la culpa, porque siento que dejamos ir una oportunidad de frenar todos estos abusos que nosotros y nuestros colegas venimos sufriendo desde hace tanto y no hemos hecho lo suficiente para frenar la situación

G.: sí colega, sí lo entiendo, ¿pero qué quiere que hagamos? ¿Me va a decir que está harto de la explotación y que por eso se va a botar a huelga de hambre? ¿Para que después la presidenta llegue a un “acuerdo” con el Colegio y, entonces, todos volvamos a trabajar felices como antes “y aquí no ha pasado nada”? Porque eso es lo que termina pasando siempre

Q.: yo quiero decir que estoy de acuerdo con Galaz, estimado. No entiendo a qué quiere llegar con todo esto, si total, ya sabemos en qué terminan nuestras demandas. Además, no podemos perder tiempo en pensar qué hacer para un conflicto tan grande. El día en que el Colegio vuelva a movilizarse, se alíe con otros gremios y haya fuerza suficiente, ahí sí invítenos a su casa para discutir el asunto, pero creo que ahora no viene tanto al caso

A.: ¿pero y entonces, según usted, qué es lo que hay que hacer ahora?

Q.: según yo, estimado, ahora simplemente hay que esperar. Y trabajar, por supuesto

C.: pero si no hemos escuchado todavía al colega, a ver qué es lo que nos quiere decir. Porque no creo que sea simplemente esto para lo que nos llamó, ¿verdad?

S.: no señorita, claro que no. Yo estoy de acuerdo con ustedes en que las medidas que hasta ahora se han tomado no han dado frutos, sin embargo… Pienso también que no podemos escudarnos en eso y seguir nuestras vidas esperando cambios.

 

Por eso es que me tomé la libertad de idear un plan y quiero pedirles ayuda a ustedes. No creo que los otros colegas del colegio puedan comprender lo importante que es para mí esto y lo urgente que creo que es cambiar nuestra situación laboral, pero ustedes sí. Tenemos que generar el cambio desde las aulas y con pequeñas transformaciones. ¡Si no lo hacemos nosotros y si no lo hacemos ahora, nadie lo hará y mañana podría ser muy tarde!

 

Mi propuesta es que, de forma muy estratégica, vayamos revitalizando el valor de nuestro trabajo: ahora que, excepto Aravena, estamos en el primer ciclo de la básica y a fin de año se tomará la Evaluación Docente Metropolitana -o EvaDoMe-, deberíamos aprovechar esta instancia de sacarle en cara al Estado lo importantes que somos. Ustedes se preguntarán: “¿cómo?” Pues bien: impartamos clases falsas, enseñémosles a los estudiantes mentiras y locuras, falseemos los contenidos de las clases y mutémoslos por –qué se yo- herejías inútiles que impidan el avance académico de los alumnos, de modo de que cuando vengan del Ministerio a evaluarnos, nuestros resultados sean tan nefastos que podamos probar –de una vez por todas- el poder de la educación como herramienta forjadora de una sociedad. Si nuestros niños van al colegio a aprender puras falacias y puras imbecilidades, reproducirán esos contenidos en su rendimiento dentro de la sala y fuera de y –poco a poco- generaremos alumnos que verán el mundo de forma tan distorsionada, que a sus padres no les quedará otra que arremeter contra nosotros. El Ministerio se volverá loco cuando sepa que hay una importante porción de estudiantes que no han aprendido absolutamente NADA y que sus profesores son una basura y querrán tomar medidas contra nosotros, pero es allí donde debemos calar a fondo.

Q.: perdóneme, Sandoval, pero no puedo creer lo que acabo de escuchar. ¿Usted se volvió loco?

A.: no sea histérico, colega, dejemos que Sandoval termine de explicarnos su idea

S.: les estoy proponiendo un plan “efecto-dominó”. Les pasamos a los niños la materia lo más tergiversada posible, de modo que entiendan las cosas al revés, o muy –digamos- “locamente”. Sus padres y apoderados no tardarán en darse cuenta, y entonces nos reclamarán. Cuando sea el momento de la EvaDoMe, los fiscalizadores se horrorizarán ante los resultados con los que se nos evaluará y, por supuesto, querrán destituirnos por representar un peligro público para nuestros alumnos, pero es allí donde tenemos que ser insistentes y declarar que lo que estamos haciendo no es negligencia, sino una medida para exigir los cambios que los profesores necesitamos en nuestro trabajo y todo eso. ¡El Ministerio, entonces, podrá visualizar el poder que tenemos sobre el futuro del país y es ahí cuando nosotros nos enfrentaremos a ellos y los encararemos, amenazándolos de que si no hacen un cambio de raíz, seguiremos enseñando mal a nuestros estudiantes!

Q.: ¡Ah, claro, linda su idea, Sandoval! ¡Haga que nos echen nomás, después de todo, con lo fácil que está encontrar pega de profesor y, sobre todo, en este bodrio de país, seguramente no nos va a costar caro jugar a los revolucionarios! ¡Y con lo poco que importa la EvaDoMe, claro! Más encima; en un colegio como el nuestro, en donde los padres ponen el grito en el cielo por cada pequeñez que les pasa a sus hijos… ¡¿Cómo se le ocurre?! Además, la EvaDoMe es una instancia institucional que se da una vez cada cuatro años y cuyos registros inciden directamente en nuestros currículums y en el historial educacional del país, ¡no podemos corromper la seriedad e importancia que ella implica!

A.: (tose) francamente, no me parece tan disparatada la idea de Sandoval. Es un plan estratégico. Nos tendríamos que organizar con mucho cuidado y siempre apoyarnos, pero si persistimos, lograremos alta visibilidad, sobre todo si aprovechamos la EvaDoMe. O sea, creo que es una forma muy original y estratégica de empezar a demostrar el peso que tenemos en la formación de un país, ¡es como una performance!, ¿no les parece?

 

Q.: ¿pero qué acaba de decir usted, por favor, Aravena? ¿¡Una -(le cuesta un poco pronunciar la palabra, pero lo logra) p-p performance!? ¡Somos profesores, no actores!

G.: aahh, ¿saben qué? (Espera que alguien le diga: “¿Qué?”, pero como eso no pasa, enmudece un segundo. Luego retoma) Yo creo que es complicada la cosa, su-ma-men-te complicada… O sea, no me malinterprete Sandoval, yo estoy requete de acuerdo con usted y con lo que pide, pero no sé si sea buena idea arriesgar tanto el pellejo por algo tan…que requiere de más personas, de más fuerza, ¿me explico?

S.: ¡pero Galaz, las grandes revoluciones en la historia universal siempre han surgido desde grupos pequeños!

G.: (se pone de pie y contabiliza a cada uno de los presentes) uno, dos, tres, cuatro, cinco…todo Chile… (Vuelve a sentarse)

C.: (carraspea) si me permiten, yo…no creo que sea mala idea lo que propone Sandoval…o sea, de hecho… hace un tiempo yo había pensado en algo parecido y… se me ocurrió probar a ver qué pasaba…

Q.: ¿¡Cómo dice!?

(Estupor general. Todos se quedan quietos y rodeando, muy cerca, a Colussi. Esta los mira por unos segundos).

 

Escena II

Mismo lugar, mismas personas. Colussi, luego de percibirse rodeada y requerida por sus colegas, reacciona de tal forma que se tira al suelo y comienza a chillar de forma aguda y estridente.

C.: ¡SÍ, ESTOY CHATA DE MIS ALUMNOS! ¡MALDITOS HIJITOS DE PAPÁ, SE VAN A PUDRIR EN EL INFIERNO DE LA CORRUPCIÓN Y LA PEREZA JUNTO CON SUS PAPITOS, SUS MAMITAS, SUS ESPOSITAS Y TODOS LOS DUEÑOS DE ESTE PAÍS, PORQUE SERÁN UNOS INEPTOS QUE NUNCA, NUNCA VAN A APRENDER NADA! (Llora y/o moquea) Ayer estaba pasando la materia y, de repente, me llegó una pelota de papel a la cara. ¡Imagínense! ¡Tirándome papeles, a mí, mientras hacía la clase!

 

De solo pensar que podría haberme ido a Inglaterra a hacer ese magíster en Aesthetic and cosmonauts visions for contemporaneity[1], soñado, que tanto futuro me prometía… o de solo imaginar que podría haber entrado a –qué se yo- a la Paula a escribir mis comentarios sobre las tendencias de moda entre las mujeres que trabajan en casa… ¡o, por último, no sé, haber entrado a la tele y ser la próxima Ítalo Passalacqua comentando cine! ¡Comentar, hablar de cualquier cosa! ¿Pero qué se puede hacer? (Pausa) Eso me preguntó mi papá cuando terminé la licenciatura… “¿Y ahora, qué vas a hacer?”. (Pausa) Claro po’h… ¡qué chucha iba a hacer! ¿Cómo demostrarle a mi familia y al mundo que los cuatro años que pasé leyendo ochocientas mil fotocopias tienen alguna validez en nuestra vida actual? “¡Ah, ya sé!”, me dijo. “¡Saca la Pedagogía!” Y aquí estoy…

 

(Se instala dándoles la espalda a sus colegas y recreando el recuerdo) Yo ahí, con mi mejor pinta, ideal de school teacher; ni nerd ni puta, ni lolein ni abuela, ni ñoña ni porra, tratando de explicarles lo que es un tópico literario; cuando este colorín conchesuabuela arruga una hoja de su cuaderno Rhein 150 hojas, cuadriculado, doble espiral, comprado por su mamita huevoncita en el Jumbo del Portal La Dehesa, ¡en fin!… arruga la hoja y me la tira a la cara, cual proyectil lanzado con furia en una batalla hacia el enemigo… y me llega… a la cara… y entonces entiendo… ¡Que yo soy, para ellos, su enemigo! ¡Que ellos me odian, porque les quito su libertad! ¡Porque, si no fuera por mí, ellos estarían en sus sillones tomando cerveza, jugando Play o viendo sus primeras pornos! ¡Pero yo no soy su enemigo! ¡SE SUPONE QUE SOY SU AMIGA! ¡YO NO TRABAJO PARA QUE ME TIREN HUEVADAS A LA CARA, SE SUPONE QUE TRABAJO PARA VIVIR, POR LA GRAN CHUCHA! Y el pendejo que la había tirado me dijo: (imitándolo burlonamente) “Ez que no fue a plopózito, yo la quelía tilal al bazulelo” que se había equivocado… pero después, como lo reté, me miró y me preguntó: “¿Y qué tanto? ¡Te limpiai la cara nomás po’h! ¿Pa’h qué voy a aprenderme estas huevadas si después, cuando grande, voy a trabajar con mi papá en la empresa? Esto no sirve para nada” ¡¿PUEDEN CREERLO?! ¡PUEDEN CREER QUE ESO FUE LO QUE UN PENDEJO DE QUINCE AÑOS ME DIJO A MÍ, SU PROFESORA, SU AUTORIDAD Y MODELO A SEGUIR! (Berrea largamente, golpea la mesa, se golpea a sí misma, qué se yo…acciones con las que pueda descargar su rabia contenida) ¡CABRO DE LA GRAN CHUCHA, PENDEJO CULIAO, FUTURO LADRÓN DROGADICTO INFECTO INMORAL! ¡TE ODIO A TI Y A TODA TU DESCENDENCIA PODRIDA EN PLATA Y CÁNCER, IGUAL QUE TÚ! (Pausa)

 

Claramente, fue la angustia de verme sin pega y sin casa la que me llevó a aceptarlo, a acoger esa idea como “no tan mala”, porque buena no era. Y aun así, aun al decidir luchar contra ese agobio, nada pudo contra mi desprecio por esta pega tan poco glamorosa. Soy como el médico que no se atreve a tratar con pacientes, porque no conoce a la especie humana y cree que un simple contacto con un miembro de ellos podría poner en riesgo su estabilidad. ¡No tiene sentido! (Pausa)

 

Los detesto, porque no tienen corazón. Los detesto, porque se alimentan de pura codicia, respiran competencia y cagan estrés: estrés de cómo ser el mejor del curso, cómo agarrarse a la mina más rica, cómo tener las zapatillas más bacanes, cómo curarse raja y que el papá no se dé cuenta, cómo conseguir siempre el auto, cómo no sacarse la chucha andando en longboard, cómo ser el más imbécil y el más prestigioso a la vez… (Pausa. Se calma un poco) Y cuando llega alguien y les muestra que la verdadera vida no es esa ordinariez de andar en un descapotable con ochocientas piluchas moviéndote el culo mientras cantas una canción que no es canción, que la hueá no está en esa monotonía y sinsentido que ellos llaman electro-hop… ¡NO PUEDEN ENTENDERLO! ¡SON INCAPACES DE ENTENDERLO, PORQUE YA ESTÁN CONDENADOS A UNA VIDA VACÍA Y ANORÉXICA QUE SE LES DESTINÓ DESDE EL MOMENTO EN QUE NACIERON! Por eso los detesto, lacras huecas, herederos del mal, que sin haber siquiera salido del colegio ya están formando una sociedad muerta… ¡Yo no nací para mezclarme con ellos!

 

Y el colegio, ¡para qué decir! ¡Son cómplices formadores de esta raza humana obsoleta! Con su moral ambigua de religiosidad y tormento no hacen más que crear mentes huecas que no entienden el verdadero significado de vivir en sociedad, ¡monjas mariconas sonrientes y viejas culiás que hablan de ayudar al prójimo con una tenida Umbrale de cien lucas encima!

 

No sé… por último, yo tengo bonitas piernas… (las acaricia)por último, pude haber sido modelo… pero me obligué a ser modelo a seguir. Yo nunca quise obligar a nadie a que me siguiera, no estoy para transmitir ningún otro conocimiento que no sea el que tengo sobre mí misma y lo maravillosa, lo hermosa y limpia que pude haber sido…

(Berreo final. Quizás sigue repitiendo insultos y tirándose el pelo. La cosa es que, cuando termina, vuelve a sentarse y a hacer como si nada de esto hubiera pasado)

 

[1] Estéticas y visiones cosmonautas para la contemporaneidad

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Amparo SaonaAmparo SaonA (Santiago de Chile, 1993) Es Actriz de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Actualmente se encuentra terminando su segunda carrera, Licenciatura en Letras Hispánicas, en la misma universidad. Escribió su primera obra de teatro Los profesores el año 2015, con la que obtuvo uno de los Fondos de Creación Literaria otorgados por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile. Al año siguiente se presentó una lectura dramatizada del texto en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Santiago, dentro del marco del Festival de dramaturgia femenina Lápiz de Mina. Este año, Los profesores tuvo su primera temporada en el Teatro del Sindicato de Actores Teatrales de Chile SIDARTE, la que fue muy concurrida y con muy buen recibimiento por parte del público.